"Seamos realistas, cuando yo comencé en este negocio, la moda no era democrática(...) En aquel entonces, si vestías bien y tenías buen gusto, significaba que eras rico. Ahora en cambio la moda se ha democratizado, sobre todo porque también los precios son más accesibles. Nosotros teníamos que ahorrar durante meses para comprar una prenda de firma porque no existía la posibilidad de comprar nada sofisticado que no fuera vintage. El panorama fuera de las grandes marcas era un páramo y los buenos diseñadores sólo estaban al alcance de unos pocos", recuerda. Además, en aquella época, las fronteras entre edades eran estrictas y las temporadas cerradas. "Había ropa para chicas de veinte años, un estilo concreto si tenías cuarenta y otro si tenías sesenta. Incluso los diseñadores no podían salirse del corsé: si eras americano hacías jeans, si eras italiano hacías trajes y si eras japonés hacías ropa vanguardista. Hoy en cambio te puedes poner botas en verano y sandalias en invierno, o unas pieles con unos vaqueros y una camiseta. Los diseños son globales, no tienen edad e importa poco el pasaporte del diseñador porque el gusto se ha universalizado".
-Vogue España, junio 2012

No hay comentarios:
Publicar un comentario