miércoles, 27 de agosto de 2014

Y tuve que escribir

A principios del siglo XX, el pacto Sykes-Picot establecía la división del antiguo Imperio Otomano entre ingleses y franceses, pacto que se llevó a cabo, quedando Palestina, Siria, Líbano e Irak repartidos entre ambas naciones. Con la ejecución de tal pacto, Palestina pasó a estar bajo dominio inglés, y obedeciendo a la Declaración Balfour de 1917, en la que el gobierno británico se comprometía a respaldar la creación de un estado judío en el territorio de Palestina, hubo una migración masiva de judíos europeos a Palestina, buscando un territorio propio como pueblo. Mientras tanto, en los mismos años 20, tanto en Jerusalén, capital de Israel, como en toda Palestina, violentos disturbios entre árabes e israelíes mantenían el conflicto encendido y avivaban el espíritu a la defensiva de la comunidad judía. Entre los años 36 y 39, la Revuelta Árabe fue la respuesta del pueblo palestino a lo que ellos consideraban una invasión.  La estructura socio-económica y política de Palestina se organizó en torno a la defensa del Islam como culto minoritario, de ahí la respuesta del pueblo ante lo que ellos consideraban la “amenaza” israelí”.
Con el Tercer Reich y la llegada de Adolf Hitler, un éxodo aún mayor de judíos acosados, vapuleados y expulsados de sus hogares hacia Palestina encrudeció la situación. En 1947, tras la Segunda Guerra Mundial, es la ONU la encargada de ocuparse del conflicto palestino-israelí, y decide crear en el territorio palestino dos estados, uno judío y otro árabe. El 55% del territorio pertenecía al pueblo israelí, decisión no aceptada por los países árabes, al ser originalmente árabe. Una coalición formada por Egipto, Siria, Irak y Líbano apoya a Palestina ante la comunidad internacional y es entonces cuando se crea la OLP(Organización para la Liberación de Palestina). El problema reside en que Israel, para ser un Estado como tal, debe ser de mayoría judía, para lo que ha llevado históricamente a cabo procesos de limpieza étnica y de exclusión social entre los palestinos.
Bastante más adelante, a mediados de la década de los 80, ante los abusos del ejército israelí y la esclavización  del pueblo palestino, se crea la Intifada, movimiento de la población contra los soldados israelíes. Sería casi diez años más tarde, cuando la solución parece llegar con el Acuerdo de Oslo, en los que ambos reconocen el Estado de Israel y la Autoridad Nacional Palestina.
Mientras tanto, Israel se veía amenazada por Egipto, que aprovechó la retirada de las tropas de la ONU de la zona del Sinaí para colocar las suyas propias, y reaccionó conquistando la península y llegando hasta Damasco. Años después le tocaría el turno también al Líbano, provocado por el asesinato de un embajador israelí pero también por el afán de ocupación del pueblo de Israel. Pero la historia de los países árabes y los conflictos entre ellos da para más de un artículo.

Las tensiones entre ambos pueblos en territorio palestino continuaban. Y hasta hoy. El problema reside en que Israel, para ser un Estado como tal, debe ser de mayoría judía, para lo que ha llevado históricamente a cabo procesos de limpieza étnica y de exclusión social entre los palestinos, y se niega a dar derechos ni territorio.

Cabe preguntarse si históricamente no pueden entenderse ni convivir al menos en una relativa paz; pero lo de que no hay buenos ni malos, en esta historia, ya no vale. Al menos no cuando parte de un pueblo vive(junto con Cisjordania) en un territorio llamado “franja”, de 360 km cuadrados y pocas infraestructuras en situaciones normales, y ahora, en condiciones infrahumanas, dentro de un conflicto que deja ya unos 2000 muertos palestinos y alrededor de unos 70 israelíes.  Sólo cifras. Y una crisis humanitaria internacional.








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