miércoles, 30 de enero de 2013

un credo.

creo en el olor a café mexicano recién hecho que inunda nuestro pequeño hogar todas las mañanas, en nuestra tostadora a la que hay que golpear para que funcione. creo en la pila de Vogues que nos mira desde al lado del televisor, y en que, cuando necesitamos un bolígrafo, no hay manera de encontrarlo. creo en nuestra manía de no comprar un tendedero y llenar la casa de ropa cuando llueve. creo en nuestras bombillas eternamente fundidas, en nuestro desorden crónico y en nuestros días de resaca. creo en las charlas inesperadas que nacen en el oscuro salón, en nuestras feroces críticas a todo y a nada, en el armario lleno de botellas vacías que encierran historias de noches míticas. creo en las risas que me provoca él todos los días, en la complicidad innata que tengo con ella; en nuestros miles de planes que quizá no se cumplan, en los que no planeamos y surgen sin más, en las noches de Malasaña de charla interminable. creo en sus miradas de preocupación cuando me encuentro mal, y en buscarlos por la cueva cuando echo de menos mi casa y a los míos. creo en sus conversaciones de madrugada, en sus prisas constantes, en nuestra impuntualidad. en mi familia de Madrid.

creo en mi armario desordenado e inordenable, en mi mesa que ya no es tal, sino pila de libros, porque eso es señal de una mente despierta. creo en mi habitación madrileña, a la que siempre me encanta volver; creo en la tela que cuelga de mi ventana, porque eso no se puede llamar cortina. creo en mi facultad, aunque nos quejemos de ella constantemente, en sus horas de cafetería, sus pasillos pintarrajeados y sus ascensores que tardan una eternidad.
creo en el Retiro, en la Gran Vía, en la Plaza Mayor, en el Madrid de los Austrias, en los domingos de Rastro. en nuestros antros favoritos.

pero también creo en las noches de cerveza en un parque que propician conversaciones absurdas, en días de comida basura y paseos interminables, en cafés improvisados, en ir andando a todas partes. incluso creo en noches, tardes y días ñoños, pero también en momentos de "sólo amigos".

creo en la buena música, y más cuando es compartida, en los libros, en que cada vez me parezco más a mi madre pero también a mi padre; creo en los perros, de los que podríamos aprender mucho, en las libretas que guardan tachones y más tachones, en que siempre llego tarde y con la cabeza en algún lado.
creo que echar de menos es de las cosas más bonitas del mundo, que me encanta volver a mi casa pero también a la ciudad, ciudad que me encanta y que odio

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